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La Oración Intercesora

La Oración Intercesora

 - El Modelo de Cristo
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La Oración Intercesora -¿Qué es?
La oración intercesora es una oración hecha a favor de otro. Un intercesor es uno que toma el lugar de otro o aboga en favor del caso de otro. Un estudio de la Biblia define la intercesión como “una oración santa, creyente y perseverante por la cual uno intercede con Dios de favor de otro u otros que desesperadamente necesitan la intervención de Dios.”

La Oración Intercesora – La Fundación Bíblica
La base Bíblica para el ministerio de oración intercesora del creyente neotestamentario es nuestro llamado como sacerdotes para Dios. La Palabra de Dios declara que somos un sacerdocio santo (1Pedro 2:5), un sacerdocio real (1 Pedro 2:9), y un reino de sacerdotes (Apocalipsis 1:5)

El trasfondo para entender este llamado a la intercesión sacerdotal se encuentra en el ejemplo del sacerdocio levítico en el Antiguo Testamento. La responsabilidad del sacerdote era presentarse ante y entre. El sacerdote se presentaba ante Dios para ministrarle a Él con sacrificios y ofrendas. El sacerdote también se puso entre un Dios justo y el hombre pecador, uniéndolos en el lugar del sacrificio de sangre.

Hebreos 7:11-19 explica la diferencia entre el ministerio del sacerdote del Antiguo Testamento y el del Nuevo Testamento. El sacerdocio levítico del Antiguo Testamento fue pasado de generación a generación a través de los descendientes de la tribu de Leví. “El sacerdocio de Melquisedec”, del que habla este pasaje, es el “nuevo orden” de sacerdotes espirituales de los cuales Jesús es el Sumo Sacerdote. Este sacerdocio es pasado a nosotros a través de Su sangre y de nuestro nacimiento espiritual como nuevas criaturas en Cristo.

La Oración Intercesora – Nuestro Intercesor Modelo
Jesucristo es nuestro modelo para la oración intercesora. Jesús se presenta ante Dios y entre Él y el hombre pecador, tal como los sacerdotes del antiguo testamento lo hicieron: Porque hay sólo un Dios, y un mediador (intercesor) entre Dios y el hombre, Cristo Jesús (1Timoteo 2:5). Es Cristo quién murió y además es resucitado también, quien está a la diestra de Dios, que también intercede por nosotros (Romanos 8:34). Por lo tanto Él puede salvar perpetuamente a aquellos que vienen a Dios a través de Él, ya que Él siempre vive para hacer intercesión por ellos. (Hebreos 7:25)

Jesús trae al hombre pecador y a un Dios justo juntos al lugar de del sacrificio de sangre por el pecado. Ya no es necesaria la sangre de animales como en el Antiguo Testamento. Ahora podemos acercarnos a Dios a través de la sangre de Jesús derramada en la cruz del Calvario por la remisión de pecados. Por la sangre de Jesús, nos podemos acercar a Dios con confianza y sin timidez (Hebreos 4:14-16)

Jesús fue un intercesor mientras estuvo aquí en la Tierra. Oró por aquellos que estuvieron enfermos y poseídos por demonios. Oró por sus discípulos. También oró por ti y por mí cuando intercedió por todos los que creerían en Él. Jesús continuó Su ministerio de intercesión aún después de Su muerte y resurrección cuando regresó a los Cielos. Ahora sirve como nuestro Intercesor en el Cielo.

La Oración Intercesora – Intercesión eficaz
En la oración intercesora seguimos la función sacerdotal del Antiguo Testamento y el diseño neotestamentario de Jesús – presentarse ante Dios y entre un Dios justo y un hombre pecador. Para ser eficaces al ponernos “entre” Dios y el hombre debemos primero presentarnos “ante” Dios para desarrollar la intimidad necesaria para llevar a cabo este papel. Números 14 presenta una de las más grandes anécdotas de oración intercesora escritas la Biblia. Moisés fue capaz de ponerse entre Dios y el hombre pecaminoso porque primero estuvo ante Dios y desarrolló una intimidad de comunicación. Números 12:8 nos cuenta que Dios habló con Moisés como de amigo a amigo y no a través de visiones y sueños como lo hizo con otros profetas.

Como creyentes neotestamentarios, ya no sacrificamos animales como en los tiempos del Antiguo Testamento. Nos presentamos ante el Señor para ofrecer sacrificios espirituales de alabanza (Hebreos 13:15) y el sacrificio de nuestras propias vidas (Romanos 12:1). Es en base a esta relación íntima con Dios que podemos ponernos entre Él y otros, sirviendo como abogados e intercesores en su favor.

Pedro usa dos palabras para describir este ministerio sacerdotal: “Santo” y “Real.” Se requiere santidad para estar ante el Señor (Hebreos 12:14). Somos capaces de hacer esto sólo por la justicia de Cristo y no por nuestra propia justicia. La realeza es descriptiva de la autoridad del Rey que es delegada a nosotros como miembros de la “familia real”, por así decirlo, con acceso legítimo al lugar del mismo trono de Dios.

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